lunes, 2 de septiembre de 2013


Hace aproximadamente 6 meses que decidí que era el momento de emprender este camino y acompañar a otras mujeres y a sus familias como trabajo de tiempo completo.  Estoy muy agradecida por todas las personas que durante este medio año me han apoyado de alguna manera: siguiendo mi página del Facebook, leyendo mi blog, recomendándome, llamándome con sus consultas de lactancia o de crianza,  solicitándome clases de yoga prenatal o información como preparación para el parto y, por supuesto, invitándome a los nacimientos de sus hijos. 


Para agradecerles su apoyo y celebrar que Doula Mexicana llegó a los 500 “Like” en Facebook, he decidido rifar 2 libros de “Mami Partera” escrito por Christy Tyner y traducido por mí.


Rifaré los libros entre todas las personas que indiquen que son seguidores de mi blog entre hoy, 2 de septiembre del 2013, y el próximo lunes, 9 de septiembre del 2013.  Los dos ganadores los daré a conocer en este blog el día 10 de septiembre. El envío del libro está incluido por correo certificado mexicano.


Aquí les dejo un poco de información sobre el premio.


Mami Partera es la historia de la ratoncita Mila y de su mamá, la partera. Los amigos de Mila se quedan a dormir en su casa por primera vez y, en medio de la noche, la mamá de Mila sale a toda prisa dejándolos a todos intrigados. ¿Es una superheroína la mamá de Mila? ¿Será un agente secreto? Mila se ríe de las teorías de sus amigos y se dispone a compartir con ellos las aventuras cotidianas de una partera. Cuando el sueño de Mila de asistir a un parto en el bosque se vuelve realidad, aprende más de lo que nunca había imaginado sobre el nacimiento.

Tanto si el bebé nace en casa como en un hospital, la partera, matrona o comadrona desempeña un papel valiosísimo, poderoso y, en muchas ocasiones, sagrado en el proceso del parto. Mami Partera es un cuento moderno que introduce a los niños con ternura en el arte de la partería y, a la vez, celebra y afirma nuestra habilidad para parir.

Se puede leer el libro completo en español aquí.


Lo único que tienes que hacer para participar es indicar que eres seguidor de mi blog haciendo clic en "Participar en este sitio" en la columna de la izquierda y luego señalar que lo has hecho en la aplicación de Rafflecopter (que elige a los ganadores al azar) abajo.

a Rafflecopter giveaway


Puedes compartir esta promoción con quien quieras, todos los que sigan mi blog entrarán al sorteo.

¡Gracias!



miércoles, 28 de agosto de 2013

Hace mucho que quería subir esta receta pero hasta hoy tuve tiempo de hacer el video. ¿Por qué la pongo? Por una lado porque es deliciosa, saludable y a los niños les encanta y, por otro, porque es una receta que pueden comer de vez en cuando (como todos los antojos) las mamás (y todas las personas) que están dejando de lado las harinas, los azúcares y los lácteos para combatir la candidiasis.



Resulta que parece que de un tiempo para acá, el problema de las cándidas durante la lactancia se agrava. Hay mamás que a los poquísimos días de amamantar a su bebé empiezan a sentir las molestias que ocasiona la infección por este hongo (Cándida Albicans).

Muchas veces, es difícil de distinguir si hay cándidas si la mamá además tiene problemas con la postura del bebé y le han salido grietas. Como las sensaciones del principio de la lactancia para las mamás primerizas son totalmente desconocidas simplemente sienten dolor y no pueden determinar la causa. Es más sencillo identificar el hongo si las molestias aparecen meses después de haber tenido una lactancia cómoda.

La Cándida Albicans es un organismo que vive normalmente en nuestro cuerpo. Así que, es seguro decir que, en realidad, no se trata de una infección sino de un desequilibrio, de una proliferación excesiva de este hongo.

A diferencia del dolor que producen las grietas por la mala postura del bebé al pecho, con las cándidas, las madres describen el dolor como "fuego líquido". Un dolor que recorre todo el seno desde dentro y que en ocasiones persiste aun cuando se ha terminado de amamantar al bebé. En ocasiones se distingue porque los pezones se notan descoloridos o tienen un aspecto rosáceo brillante.

Lo primero que hay que hacer, además de consultar a un asesor de lactancia o a un médico informado sobre la lactancia materna, para determinar si necesitas un tratamiento antimicótico, es intentar que el cuerpo vuelva a su equilibrio para controlar el hongo. Este hongo se alimenta de
azúcar, carbohidratos y comidas fermentadas. Y es posible que si lo tienes en los senos, esté también en la vagina y en los intestinos, y muchas veces se observa como manchitas blancas dentro de la boca del bebé. Por lo tanto, lo más inmediato y natural que puedes hacer en casa es limitar el consumo de azúcar (incluida la de la fruta), harinas refinadas, alimentos con levadura (como el vinagre, la cerveza o la salsa de soya), los lácteos y la cafeína. Si matas de hambre al hongo, este vuelve a estar bajo control y le das la oportunidad a tu cuerpo de luchar con sus propias armas.

Como verás, hay que eliminar muchísimas cosas de la dieta y la ansiedad que ocasiona ponerse a dieta, aunada al puerperio y a los cambios en la rutina familiar puede ser devastadora.

Por eso propongo esta receta, para ayudar a las mamás a pasar esos días sin sentir tanta ansiedad y poder darse un gusto. Obviamente, al estar hecha de plátano y contener una cucharada de miel, esta receta no está libre de azúcares y carbohidratos. Sin embargo, sus ingredientes son mucho más nutritivos, que, digamos, comerse una dona de chocolate (llena de azúcar y harina refinadas y de levadura) o un pan comercial o galleta con mermelada.



Espero que la disfruten, aquí dejo el enlace del video otra vez. Cuéntenme qué tal les salió.



lunes, 12 de agosto de 2013

por Alison Bastien
Traducción de Gabriela Abraham Estévez

© 2011 Midwifery Today, Inc. Todos los derechos reservados.
[Nota del editor: Este artículo se publicó por primera vez en la edición 98 de Midwifery Today en el verano del 2011.]

Esta es la última pregunta del examen final de la asignatura de "Obstetricia I" que imparto en la escuela de partería local:
Una madre está en labor de parto y ha conseguido la dilatación completa. Las contracciones se han ido espaciando hasta casi detenerse por completo. Pareciera, incluso, que la madre está descansando. ¿Qué está sucediendo y qué debemos hacer?
Parece mentira, pero después de un año entero de clases, algunas alumnas aún responden: “Distocia: hay que activarla e instarla a moverse”. O bien: “Administrar oxitocina”. O incluso: “Decirle que llegó la hora de empujar”. Afortunadamente, el resto contestarán correctamente: “La madre se encuentra en la fase intermedia, es completamente normal, cuando esté lista y descienda el bebé empezará a empujar”.
La educación en partería por lo general prioriza que las futuras parteras identifiquen de manera experta los problemas, para poder prevenirlos y tratarlos, en lugar de dar mayor importancia a aprender lo que es normal, para honrarlo. Con los nervios y las prisas del examen final, uno puede asumir que esta situación representa un problema, pero es precisamente la conclusión a la que quiero llegar. Hemos llegado a un punto en el que empujamos a las mujeres a que empujen. Nuestra capacitación nos ha condicionado para hacerlo y es lo que transmitimos también en las clases de preparación para el parto.
Les decimos a las embarazadas:
Cuando llegues a los 10 cm estarás lista para empujar.
(Y empujar y empujar y empujar). Hemos dejado de preguntarnos por qué lo hacemos así.
Ya tienes 10 cm, ¿sientes ganas de empujar? ¿Tienes sensación de pujo? Avísame... ¿por qué no lo intentas?
En muchos hospitales, el personal médico aún emplea la maniobra de Kristeller para acelerar el parto, piden a un médico o a una enfermera que presione el fondo uterino hacia abajo tan fuerte como pueda para que “descienda el bebé”. Las parteras y las doulas persuaden con amabilidad. Instruimos a las mujeres rigurosamente para que empujen y no paren de empujar. Y empujarán, durante horas, con fuerza, con cansancio y con frustración.
Según Michel Odent, las mujeres tienen un reflejo de eyección del feto, mediante el cual el bebé y la madre alcanzan el momento del nacimiento cuando están listos. Después de más de 30 años de asistir a mujeres en el parto, me he encontrado con que, a veces, las mujeres llegan a la dilatación completa y continúan teniendo contracciones sin el “deseo de pujo” durante algunas horas. Y cuando por fin lo sienten, el bebé corona en cuestión de unas pocas contracciones, sin importar si la madre estaba o no “empujando”. ¿Qué es lo que pasa?
Creo que cuando definimos las etapas del parto nos olvidamos de un par que van en medio. Digamos, de la etapa 2.5 a la que la partera Whapio Diane Bartlett, en sus talleres, identificó elocuentemente como la quietud. La fase de descanso interno y de integración tanto para la madre como para el bebé que sucede después de la dilatación completa y antes del descenso. Algunas madres y bebés requieren muy poco tiempo en esta fase, mientas que otros, especialmente los bebés más grandes, los que están en presentación posterior o compuesta y los de madres primerizas, necesitan más tiempo para preparar los siguientes movimientos y encontrar el camino.
No solamente están integrando la experiencia espiritual de haber hecho el viaje chamánico desde “ese lugar del que venimos y al que algún día hemos de volver”, y la preparación psicológica para dejarse ir y conocerse el uno al otro, sino también el cambio físico en las contracciones uterinas que pasan de estirar las bandas musculares hacia arriba para abrir el cérvix a empujar hacia abajo.
Muchas parteras hemos identificado cuándo sucede este cambio. Lo esperamos, contamos con él y hasta le hemos dado un nombre. Hace décadas que Sheila Kitzinger lo identificó como la etapa del parto de descanso y agradecimiento durante la cual el útero se reforma alrededor del bebé que ya descendió, y en la que las contracciones pueden espaciarse o detenerse del todo. Si no se interfiere con esta etapa, las contracciones empezarán a tomar fuerza cuando el útero se haya reformado y esté listo.
A mí me gusta pensar que este cambio en el parto es el remanso. El parto es como avanzar en un kayak individual, al principio la partera y la familia corren río arriba hasta que el agua les llega a las rodillas con la mujer que está en labor de parto. Después, esta llega a una curva en la que el río se estrecha; escucha los rápidos y la cascada y piensa “Oh, no, no quiero ir hacia allá”.
Nadie puede ir con ella, pero se da cuenta de que la cascada la llevará de golpe hasta donde está el bebé y, a pesar de su temor, sabe que quiere llegar ahí. Así que se deja ir y todo se torna muy confuso y después... Después se encuentra en ese hermoso remanso a los pies de la cascada. Vuelve a ver a toda su gente a su alrededor, en la orilla y es exuberante y místico. Cuando se siente lista, toma su remo y va por su bebé, que ya viene a la superficie a conocerla.

"Still Pool" por Bob Booth (http://www.coondleart.com/)

Hace casi 28 años, cuando era una partera en formación, atendí un parto con un médico local. El parto fue hermoso. La madre avanzó rápidamente y todo fluyó, y, según mi punto de vista, ya estaba claramente lista para empujar. Una vez que estaba en el remanso mencionó con voz trémula que sentía ganas de defecar. Le susurré al doctor:
 — ¿No la vas a revisar? Creo que está lista para empujar.
El doctor, un médico general amable me dijo:
 —No, sabremos que es el momento cuando veamos la cabeza.
Entonces me pareció una absurdidad. Ahora admiro su sabiduría.
¿Por qué hacer del cérvix el protagonista del maravilloso proceso del nacimiento? ¿Por qué nos empeñamos en introducir nuestras manos en el cuerpo de una mujer cuya energía fluye hacia afuera? ¿Por qué nos comportamos como si las mujeres necesitaran nuestro visto bueno para empujar? Vemos con nuestros propios ojos los pétalos de sus labios florecer cuando su bebé está descendiendo.
Una vez, en una conferencia de partería, una doctora rusa declaró sin presunción:
—En mi país, las mujeres no empujan durante horas como aquí [en Estados Unidos]. El tiempo promedio de la segunda etapa es de 10 a 15 minutos.
Las parteras nos miramos unas a otras con nerviosismo. ¿Era posible lo que decía? ¿Quería decir que les administraban cantidades bestiales de oxitocina? ¿Cómo se explicaba? ¿Qué tanto empujaban? Continuó:
—No les pedimos a las mujeres que empujen hasta que vemos la cabeza del bebé.
Se escuchó el murmullo de varias risas nerviosas en la sala, ¿estaría bromeando, cierto? Pues no.
Hace algunos años, mis estudiantes de partería estaban haciendo presentaciones sobre sus prácticas. Se les envía a vivir con una partera tradicional en un área rural durante algunas semanas para aprender de ella.
—Esta es Doña —compartió una estudiante mientras observábamos la fotografía de una mujer diminuta, anciana y hermosa en un camino de terracería, estaba arrugada y jorobada como la hechicera de un cuento—. Era genial —continuó la alumna—, y muy tierna. Pero no tenía nada de conocimiento técnico. Estábamos en un parto y le dije, cuando vi que la mamá empezaba a empujar “¿No la vas a revisar?” Doña puso la punta de su dedo índice en la vagina de la mujer, solo un poco y me dijo que ya la había revisado. Eso es lo que ella creía que era un tacto. —La estudiante se rio en tono burlón y continuó—. Le pregunté cómo era posible que revisara la dilatación del cérvix con un solo dedo. Y ella me respondió “¿Para qué quiero sentir la dilatación del cérvix? Lo que busco es la cabeza del bebé. Si tu dedo entra hasta aquí (indicando la segunda falange) entonces quiere decir que todavía le falta, pero si puedes entrar solo hasta aquí (dijo tocando su primera falange), quiere decir que ya viene”.
El nacimiento y el parto son mucho más simples si esperamos y disfrutamos el remanso hasta que el reflejo de eyección del feto se activa y sale el bebé. Lo he visto muchas veces. Los bebés de mujeres que estaban “demasiado cansadas” o “no estaban de humor” se deslizan fácilmente sin ningún esfuerzo consciente por parte de la madre.
Una experiencia con gran carga emocional para mí fue el nacimiento de mi nieto, de más de 4 kg, que estuvo en presentación posterior durante la mayor parte del embarazo y durante el parto. Una vez que su madre alcanzó los 10 cm, le tomó cerca de 5 horas (mientras ella caminaba, respiraba y descansaba) rotar lentamente a la presentación anterior, y después salió en dos contracciones.
Creo que este momento es tan adecuado como cualquier otro para replantearnos la manera en la que definimos las etapas del parto, así como el momento y la razón por la que se decide que “es tiempo de empujar” y quién toma esa decisión. Dejemos que los bebés nos digan cuándo ha llegado el momento de empujar.

Alison Bastien es una partera capacitada de forma independiente para atender el parto en casa. Está semijubilada y enseña partería, herbolaria, medicina familiar y da clases de preparación para el parto en el centro de México, en donde ha vivido durante 37 años. También es licenciada en Antropología y dirige un taller de productos de herbolaria y tiene una tienda. Para ponerse en contacto con ella visiten www.lavictoriana.com.

Este artículo es una traducción íntegra del original "Gettin Pushy?" escrito por Alison Bastien y con copyright de Midwifery Today que se puede encontrar aquí. Publico en este blog mi traducción con el permiso expreso y el visto bueno de la autora y está prohibido modificarla de ninguna manera. Se puede compartir siempre que se mantengan los créditos correspondientes. 




miércoles, 17 de julio de 2013

Las historias de las mujeres son siempre de amor, de lucha, de valentía, de miedo, de lágrimas, de sangre, de fuerza, de alegría, de conocimiento… pero cuando esas historias se entretejen, cuando cada historia es un hilo y con cada mirada, con cada sonrisa, con cada lágrima, se va tejiendo una red, se manifiesta la sabiduría divina. 


El fin de semana pasado, más de veinte mujeres nos reunimos y saltamos al vacío, nos sentimos presas del vértigo y del miedo, vimos el suelo acercarse rápidamente solo para sentir de pronto, con asombro y con alivio, que debajo de nosotras se tendía la red de la sabiduría de todas las historias entretejidas que nos rescató y nos llenó de confianza y de amor. Hace algunos meses cuando escribí “Por qué necesitas una doula” pensaba en el sentido práctico, en el momento del parto y en que todo es siempre más sencillo si tienes a alguien que te atienda, que te sirva, que te consienta. Sin embargo, ahora veo mucho más claramente que la doula no es solo la mujer que te sirve, es también la guardiana entre dos mundos. 


Cuando vas a parir, o cuando vas a emprender la  maternidad, obligatoriamente saltas al vacío, al otro mundo, y alguien tiene que tender la red para que no acabes estrellándote contra el suelo. Hoy en día, esa persona es la doula, una mujer que se nutre de las historias de las otras mujeres, las va tejiendo junto con ellas para que cuando te toque saltar la red esté debajo. Esa mujer es la doula y no tu mamá, tu amiga, tu hermana, o tu abuela porque desafortunadamente hemos perdido el hilo. Hemos dejado de entretejer nuestras historias con las mujeres cercanas a nosotras. Nuestras historias del parto y de la maternidad están aisladas, las dejamos de compartir porque nos dan miedo, porque muchas veces nos estrellamos y no hubo ninguna red. Las dejamos de compartir por simple desconocimiento, no sabemos si lo que nos pasó es normal, es común, es extraño... tememos que nos juzguen, que nos lastimen y nos quedamos calladas. Nos perdemos del alivio de saber que todo lo que nos pasa simplemente es, y que si nos ha pasado es lo normal, para nosotras, sin necesidad de compararnos con nadie más.

La doula ha recibido la llamada de una mamá que no sabe por qué llora y no se siente feliz unos días después del parto a pesar de tener un bebé hermoso y sano; con los hilos de su propia historia y la de otras mamás que conoce la rescata y le da la confianza que necesita para recoger sus lágrimas, disfrutarlas y entenderlas. La doula se despierta una mañana pensando en esa mamá que hace pocos días tuvo a su bebé y tiene grietas en los pezones, la llama y con las gotas de leche que han ido resbalando por la red de sabiduría de tantas madres lactantes la reconforta y le recuerda que esto también pasará. La doula sueña con una mamá y al día siguiente ve que durante la noche parió a su bebé y sabe que en alguna parte del viaje sus corazones de mujeres se conectaron. La doula escucha mientras una mamá le cuenta que sufre porque su familia no entiende la forma en que cría a sus hijos y le devuelve los latidos de su propio corazón para que sepa que es lo único que debe escuchar, su propia sabiduría. La doula ve las fotos de los hijos de otras mujeres y siente un amor tremendo y desbordante por esas criaturas que siguen confiando en el mundo y se siente más paciente y más afortunada cuando ve a sus propios hijos. La doula oye sonar el teléfono en medio de la noche y sabe que el trabajo de parto ha empezado e inmediatamente todo su ser se conecta con el de la nueva familia para tender la red de todas las historias que ha escuchado, que ha vivido, que ha presenciado.

La única que parirá será la mamá y la doula no puede hacer nada por ella más que estar ahí, con la red tendida para que cuando salte al vacío, como inevitablemente lo hará, caiga en la sabiduría femenina, sepa que como ella miles, millones, billones de mujeres han saltado, y han vuelto con un conocimiento nuevo, y a partir de ese momento su historia será un hilo más de la red. La próxima mujer que salte al vacío caerá también sobre su historia. 


Espero que algún día, si mis hijas paren, no necesiten entrevistar una doula. Deseo que esta red que hoy tendemos las doulas dé pie a que recuperemos el hilo de nuestras historias, que tan solo en algunos años, sean todas las mujeres las que estén dispuestas a sostener a las que saltan. Espero de todo corazón que mis hijas caigan sobre la red que ha tejido su madre, su hermana, su abuela, su tía, su vecina, sus amigas y todas las mujeres que las rodean, como era antes, como había sido siempre. Deseo que la doula de mis hijas sea la mujer que ellas más amen.

No perdamos el hilo, no dejemos de compartir nuestras historias de amor, de miedo, de lactancia, de ternura, de enojo o de terror. Si un día saltaste y te estrellaste y no hubo red debajo de ti, compártelo, que ese hilo sea ahora parte de la sabiduría de todas, para que no vuelva a suceder. 

Así que, ¿por qué necesitas una doula? Para que sea la guardiana de tu viaje, para que sea la memoria de tu historia, para que la hile con todas las demás y nos hermanemos de nuevo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Todo el mundo sabe cuáles son los signos del embarazo, se mencionan en todas partes y en muchas ocasiones se satirizan: hay mareos, náuseas, retención de líquidos, micción constante, agruras, incomodidad, bochornos, y una larga lista de etcéteras.

Pero ¿a qué vienen todos estos malestares?  Desde luego, el embarazo no es ninguna enfermedad, al contrario, precisamente porque estamos sanas es por lo que nuestro cuerpo es capaz de dar vida. Y entonces, ¿no parece injusto que nos sintamos tan incómodas en una etapa tan hermosa de nuestra feminidad?




De acuerdo, el cuerpo está cambiando, nuestro útero pasa de los 7 a los 33 centímetros aproximadamente, nos crecen los senos, nuestro centro de gravedad se reajusta constantemente. Pero además hay grandes cambios emocionales. Nuestra familia cambiará, nuestra rutina diaria jamás volverá a ser la misma cuando nazca el bebé y en cuanto sabemos que estamos embarazadas comenzamos a hacernos preguntas prácticas (si no las habíamos pensado antes). ¿Qué pasará con nuestro trabajo? ¿Podremos seguir viviendo en la misma casa? ¿Habrá que contratar a alguien o buscar una guardería en algún momento? ¿Podré amamantar a mi bebé?

Por otro lado hay una gran emoción, un sentimiento de exaltación de lo que es capaz de hacer nuestro cuerpo, un gran amor por la criatura minúscula que tenemos adentro y, en ocasiones, dualidad o cierto rechazo si nuestro embarazo no estaba previsto. Todo lo siguiente es normal: Miedo al dolor, miedo a no ser capaz de dar a luz, miedo a que se adelante, miedo a la cesárea, miedo a no saber qué hacer con el bebé, miedo  a no saber ser mamá, miedo a no poder con todo, miedo a no poder dar el pecho, miedo a que nuestro cuerpo no vuelva a ser como era antes … La lista es muy larga.

Lo que tal vez no sepamos es que de estos miedos podrían derivarse la mayoría de los malestares del embarazo. Sí, así como lo leen. Todos, o casi todos, sabemos lo que son los síntomas psicosomáticos, es decir, eventos que se manifiestan en nuestro cuerpo físico y que tienen un origen mental. El más común y evidente es el hecho de ruborizarse. Si mi hija grita en el restaurante “mamá, ¿te echaste un pedo?” y, acto seguido, todos los comensales se ríen, me pongo roja como un tomate y no es porque haga calor, ni porque me acabe de pegar el sol, ni porque me pase nada físicamente, es simple y sencillamente que quiero meterme en un zapato de la vergüenza y eso tiene un origen mental.

Pues, en principio, y según Louise L. Hay, todos los malestares físicos que tenemos, embarazadas o no, responden a un patrón mental negativo. El patrón es inconsciente, no es algo que pienses e inmediatamente después se manifieste en tu cuerpo, como ruborizarse cuando algo te da pena o tener taquicardia cuando te asustas. Se trata de un pensamiento más profundo, de algo que conscientemente ignoras pero que te afecta, puede ser un pensamiento antiguo, algo que te repitieron constantemente cuando eras niña y ahora tu mente cree que es verdad o simplemente un pensamiento que no te permites tener (sobre todo si es de rechazo) pero que en alguna parte de tu mente sigue maquinando.

Para cada patrón mental negativo hay una afirmación que puedes repetir. Es decir, un pensamiento positivo que te puede ayudar a cambiar ese patrón y, por lo tanto, a aliviar el mal que te aqueja. Esta afirmación, este pensamiento sanador, debe repetirse tantas veces al día como te sea posible para liberar su poder, cambiar tu mente y sanar tu cuerpo.

A continuación compartiré algunas de las afirmaciones del libro de Louis L. Hay titulado “Sana tu cuerpo” que pueden ayudarnos a sentirnos mejor durante el embarazo. Yo uso ese libro para todo, las afirmaciones han sido en mi vida un gran componente de mi bienestar y recomiendo el libro ampliamente. Para que se cambie el patrón mental y, por consiguiente, se alivie el mal hay que repetir la afirmación tantas veces al día como puedas. Incluso si dedicas unos momentos a repetirla frente al espejo en voz alta, puede hacer mucho bien. Cada vez que te aquejen las náuseas, sientas agruras o estés mareada, recuerda repetir tu afirmación. No solo ayudarás a paliar la incomodidad que sientes sino que irás cambiando el patrón de pensamiento negativo, aniquilando el miedo lo cual te preparará para el parto. Recuerda siempre: "Miedo = tensión. Tensión = dolor."

Por supuesto, ninguna de estas afirmaciones pretende sustituir los consejos que te haya dado tu ginecólogo o la persona que le da seguimiento a tu embarazo. Su propósito es ser una ayuda para sentir bienestar y además tener un recurso propio para arreglar los problemas desde adentro.  Espero que te sean de utilidad.


Náuseas
Patrón mental: Miedo. Rechazo de  una idea o de una experiencia.
Tiene mucho sentido que haya náuseas al principio del embarazo. Se trata de una experiencia totalmente nueva que nos puede causar  miedo y rechazo. Tal vez por eso, pasado el primer trimestre, cuando sabemos que seguramente el bebé estará bien, que el embarazo progresa correctamente y cuando hemos tenido tiempo de acostumbrarnos a la nueva situación y a emocionarnos, las náuseas desaparecen.
Afirmación: Estoy a salvo. Confío en que el proceso de la vida me aporta solo el bien.

Indigestión
Patrón de pensamiento negativo:  Miedo  visceral,  terror  y  angustia. Quejas y gruñidos.
Sería interesante identificar qué es lo que nos causa tanto terror y angustia. ¿Es el parto? ¿Es que algo salga mal en el embarazo? ¿Es que el bebé no sea “perfecto”? Y una vez que hayamos identificado lo que nos angustia, repetir la afirmación con la idea de deshacernos de ese miedo. Puede ser que el miedo sea tan profundo que ni siquiera somos capaces de identificar de dónde viene. Aun así, la afirmación nos ayudará a sanar. Eso sí, además de repetir la afirmación iría muy bien que comieras con conciencia.
Afirmación: Digiero todas  las nuevas  experiencias  en paz y con alegría.

Mareo al  moverse
Patrón mental: Miedo. Temor de no estar al mando.
Está claro que el embarazo está lleno de miedos. El de no estar al mando es más que natural. Tu cuerpo está haciendo miles de cosas sobre las cuales no tienes ningún control. Además, a tu alrededor hay mucha gente diciéndote constantemente que tu vida va a cambiar y que jamás volverá a ser igual y no tienes ni idea de a lo que se refieren, parece que no tienes ninguna oportunidad de tomar el mando. Por otro lado, es posible que sientas que está en manos de personal médico y que tienes que atenerte a todo lo que te dicen sin cuestionar. Todo esto, puede hacerte pensar que no tienes poder de decisión. Pero no es verdad. Tú tienes el poder de decidir, de estar al mando de tu cuerpo y de tu vida. Actívalo.
Afirmación: Siempre   estoy   al   mando   de   mis pensamientos. Estoy  a  salvo. Me  amo  y me apruebo.

Acedía (acidez de estómago)
Patrón mental: Miedo, miedo, miedo. Temor atenazante.
Nada nuevo que agregar. Durante el embarazo hay miedo, está claro.
Afirmación: Respiro profunda y libremente.   Estoy a salvo. Confío en el proceso de  la vida.

Achaques
Patrón mental: Ansia de amor. Deseos  de  ser abrazada.
Hoy te duelen los pies y te sientes cansada. Ayer te dolía la cabeza. De repente sientes calambres o piquetes en lugar insospechados… Ya no vas a estar sola con tu pareja, si este es tu primer bebé, dejarán de ser dos y se convertirán en tres. Con la llegada del bebé serán una familia. Además, dejarás de ser solo la hija de alguien y te convertirás en la mamá de alguien, tu mamá ahora será “la abuela”. Tal vez todo esto  te hace sentir insegura, desplazada, con mucha necesidad de reafirmar el amor que los demás sienten por ti y que ahora compartirás con tu bebé (reitero que es algo inconsciente).
Afirmación:  Me amo y me apruebo. Soy capaz de amar y soy digna de ser amada.

Hemorroides
Patrón mental: Miedo de los plazos establecidos. Rabia por el pasado. Temor a aflojarse. Sensación de carga.
Como hablábamos antes, ¿y si se adelanta? ¿Y si se retrasa? ¿Y si no era el momento adecuado? ¿Qué tal que soy incapaz de cumplir con toda la responsabilidad económica, emocional, social?
Afirmación:  Libero todo lo que no sea amor. Hay tiempo y espacio para  todo lo que deseo hacer.

Candidiasis
Patrón mental: Sensación de estar muy disperso. Mucha  frustración y rabia. Exigencia y desconfianza en  las relaciones.
En el embarazo somos más susceptibles a las infecciones vaginales. De nuevo, podemos sentir desconfianza de cómo serán las relaciones con los demás después de convertirnos en madres. Hay que analizar lo que nos causa rabia o frustración.
Afirmación: Me doy permiso para  ser  todo  lo que puedo ser;  merezco  lo mejor   de  la  vida. Me  amo. Amo y aprecio a  los demás.

Hipertensión (en el embarazo podría resultar en preeclampsia)
Patrón mental: Viejo  problema  emocional  no solucionado.
Esto es importante, antes del parto deberíamos intentar solucionar todos nuestros conflictos, especialmente con la pareja, con nuestros padres o quienes estarán más cercanos en el momento del nacimiento. El parto es un momento muy intenso en el que todas las emociones afloran. Es importante que seamos capaces de relajarnos para fluir con las contracciones y tener un parto sano que podamos recordar con amor.
Afirmación: Me desprendo jubilosamente  del  pasado. Estoy en paz.

Edema (retención de líquidos, hinchazón)
Patrón mental: ¿De qué  o quién  no  quieres desprenderte?  
Hay que buscar en nuestro interior.  ¿Qué es aquello que no queremos dejar ir, por qué lo estamos reteniendo?
Afirmación: De buen grado dejo  ir el pasado. Tranquila y segura me  libero. Ahora soy  libre.

Solo he recopilado y analizado las afirmaciones de los malestares más comunes. Por supuesto cada una de nosotras es única e irrepetible y lo que aqueja a una puede ser totalmente desconocido para otra mamá. Si quieren conocer otras afirmaciones pueden adquirir el libro de Louise. L. Hay, es un gran recurso.