sábado, 23 de marzo de 2013

Hace unos días encontré una imagen en Pinterest que me encantó, está aquí. Se trata de un reto de 30 días que podemos hacer las mamás (y los papás, por supuesto) para relacionarnos mejor con nuestros hijos y para sentirnos mejor con nosotras mismas. Todas las que son mamás saben que no es una tarea fácil. Y, en las palabras de una mamá que escuché hace algunas semanas: a veces nos sale el monstruo. Les dejo la imagen original y la traducción que hice. Alterné entre “hijo” e “hija” para no usar el plural todo el tiempo. Dicen que lo que se empieza 6 horas antes o 6 horas después de la luna llena suele resultar exitoso. La luna llena este mes es el 27 de marzo. Ese día lo empezaré yo. ¿Quién más acepta reto?




Reto de 30 días para mamás
La lista de pendientes definitiva


1.    Pregúntate qué actividad pueden hacer tú y tu hija juntas este mes.
2.    No le grites a tu hijo en todo el día.
3.    Dale tres abrazos a tu hija hoy.
4.    Besa a tu hijo mientras duerme.
5.    Recuérdate a ti misma “Solo tiene ____ años. Es una niña”. Y trátala como tal durante todo el día.
6.    Cocina o compra su comida favorita.
7.    Déjale una nota tierna.
8.    Calcula cuántos fines de semana quedan para que tu hijo se gradúe de la preparatoria.
9.    Piensa en cómo eras a la edad que tiene tu hija. Recuerda cómo te sentías.
10.    Concéntrate en una sola actitud hoy: alegría
11.    Dile a tu hija hoy: “Me siento muy feliz de que tú seas mi hija”.
12.    Extiende una plegaria para obtener sabiduría.
13.    No critiques a tu hijo hoy.
14.    Recuerda: ser madre es un regalo.
15.    Sé firme si hace falta, pero no seas dura.
16.    Piensa en cómo quieres que sea tu hija cuando tenga 25 años. Que tus actitudes hacia ella hoy se enfoquen en eso.
17.    Ríe con tu hijo hoy.
18.    Piensa en una madre a la que admires. ¿Cuál de sus cualidades puedes adoptar hoy?
19.    Enséñale hoy a tu hija algo que puede hacer por sí misma.
20.    Concéntrate en una sola virtud hoy: paciencia
21.    Perdónate si lo haces mal.
22.    ¿Cómo quieres que te recuerde tu hijo? Enfócate hoy en ser esa persona.
23.    Reemplaza el sarcasmo con amabilidad.
24.    No interrumpas a tu hijo cuando esté hablando.
25.    Pregúntale a tu hija su opinión.
26.    Anima a tu hijo hoy.
27.    Haz algo bueno por tu salud: camina 10 minutos, cómete una fruta o duerme bien.
28.    Enséñale a tu hija a utilizar una palabra nueva.
29.    Apaga tu teléfono, televisión o computadora cuando tu hijo esté contigo.
30.    Concéntrate en un solo sentimiento hoy: amor


miércoles, 20 de marzo de 2013

Hoy pondré una entrada cortita. Como parte del curso en acompañamiento materno-infantil que estoy haciendo, esta semana tengo que leer material relacionado con las hormonas que entran en juego en el parto y la diferencia que existe entre las oxcitocina natural y la artificial (que se utiliza para inducir el parto). Esta información es fundamental para las mujeres que van a parir. Saber cuáles son las hormonas que entran en juego ayuda a entender que el parto es un proceso perfectamente orquestado y armónico. Comprender la sabiduría del cuerpo y la manera en la que funciona durante el parto permite que las mujeres estén preparadas para vivir la experiencia desde la conciencia.

Les dejo aquí un resumen que hice, es muy breve pero a partir de aquí pueden buscar más información.


Oxitocina: Es la hormona principal del parto, encargada de producir las contracciones uterinas. Los picos de oxitocina que se producen durante el nacimiento causan las sensaciones de euforia y receptividad que permiten el vínculo inmediato entre la madre y el bebé. La oxitocina también produce las fuertes contracciones que facilitan el alumbramiento (salida de la placenta) y evitan que haya hemorragias.



Catecolaminas: Estas hormonas que en inglés se llaman también fight-or-flight pueden detener el parto en la primera etapa si la madre sufre estrés. Sin embargo, en la segunda etapa del parto cuando el cérvix está completamente abierto pero aún no se siente la necesidad de empujar, la liberación de estas hormonas le otorga a la mujer la fuerza que necesitará para el expulsivo.

Betaendorfina: Esta hormona se produce en el sistema nervioso central siempre que hay dolor. Durante el parto ayuda, obviamente, a lidiar con el dolor y es la hormona que produce la sensación de “estar en otro mundo” que se experimenta. Su liberación en exceso reduce los niveles de oxitocina así que también ayuda a establecer el ritmo del parto que la mujer puede enfrentar. Esta hormona activa la parte del cerebro que se encarga del aprendizaje y la memoria que nos permite recordar el parto con gran detalle.

Prolactina: Esta hormona no es protagonista en el parto. Se libera después del nacimiento y junto con la oxitocina es la encargada de la lactancia.

¿Qué diferencia hay entre la oxitocina sintética usada en las inducciones y la oxitocina natural?
La oxitocina artificial no atraviesa la barrera hematoencefálica y no llega al cerebro ya que se administra por vía intravenosa directamente al torrente sanguíneo. Produce una respuesta en el útero pero no tiene los efectos en el cerebro, como la producción de endorfinas para lidiar con el dolor, ni tampoco los efectos emocionales que ayudan a establecer el vínculo con el bebé.

martes, 19 de marzo de 2013

“¿Por qué sufrir innecesariamente?” “¿Eres masoquista?” “¿Qué ganas tienes de pasarlo mal?” Entre otras, estas son algunas de las preguntas que escuché durante mi primer embarazo cuando comentaba con otras personas que deseaba un parto natural, sin analagesia. 


 

La realidad es que las mujeres que desean parir sin epidural ni están locas, ni son masoquistas, ni quieren llamar la atención, ni lo hacen solo para ser diferentes. Las mujeres que desean parir sin epidural son mujeres bien informadas de la manera en que funciona la analgesia y las consecuencias que tiene durante la labor de parto, el posparto y el inicio de la lactancia.
 

Hay mucha información al respecto que pueden consultar y al final les daré algunos recursos. Por el momento les resumo, con palabras muy simples, los 4 puntos principales:
 

1.    La epidural afecta de manera negativa a la producción de las hormonas que necesitas.

Durante el parto intervienen en tu cuerpo varias hormonas que ayudan a producir las contracciones uterinas, hacen funcionar los músculos que guían al bebé a través del canal de parto, te permiten conectarte con tu cuerpo desde el instinto para saber qué hacer, te dan la fuerza que necesitas para empujar, te ponen en estado de alerta para recibir a tu bebé y son las responsables del inmenso amor que sientes cuando lo tienes por primera vez en tus brazos. Con la epidural estas hormonas ya no cumplen sus funciones y, por lo tanto, es posible que las mujeres necesiten un gotero (de oxitocina) para estimular de manera artificial las contracciones; que sus músculos no respondan como deberían y su bebé no se coloque en la postura correcta para salir; que sean incapaces de empujar y que los médicos empleen un fórceps o una ventosa para sacar al bebé, o incluso que les hagan una cesárea; y que una vez que nazca el bebé sean incapaces de establecer un vínculo inmediato con él.

2.    La epidural bloqueará el dolor del parto pero te hará sentir otras molestias, incluso durante días después del parto.


Los componentes de la analgesia que se utilizan para bloquear toda la parte inferior de tu cuerpo son muy fuertes (opiáceos), como te puedes imaginar. Las mujeres que paren con epidural experimentan una o varias de las siguientes molestias incluso durante varias horas o días: sensaciones de asfixia, de comezón o picor, incapacidad para orinar (por lo que necesitan una sonda), temblores, náuseas, dolor de cabeza y retención de líquidos e hinchazón del cuerpo. Además, la exposición prolongada a la epidural causa fiebre en algunas mujeres. Como la fiebre también es síntoma de infección, muchas veces la madre y el bebé deben quedarse más días en el hospital e incluso someterse a pruebas para asegurarse de que están sanos. 


3.    La epidural también llega a tu bebé y tiene efectos secundarios. 


Es obvio que la analgesia llega hasta el bebé. No es ningún secreto que el ritmo cardíaco del bebé desciende durante los primeros minutos (de 20 a 30) después de que le administran la epidural a la madre. Después del parto, el bebé está menos alerta, más irritable, llora más, tiene menos tono muscular, sus reflejos son más lentos. Si la madre tuvo fiebre durante el parto, el bebé será sometido a pruebas invasivas y antibióticos para asegurarse de que no tiene una infección en la sangre (septicemia).


4.    La epidural afectará el establecimiento temprano y adecuado de la lactancia materna.


Está claro que si la madre no tiene las hormonas que necesita y sobre todo los picos de hormonas que suceden después del parto y, además, se siente mal  y el bebé se muestra letárgico y poco alerta, es muy difícil establecer la lactancia materna durante las primeras horas e incluso los primeros días de vida. En algunos estudios notaron que los bebés que nacían de madres que habían utilizado la epidural se enganchaban al pecho pero no succionaban. 


Es fácil imaginar que las madres que han parido con epidural, a pesar de no sentir ningún dolor, no se sienten contentas con la experiencia en general. Si una madre ha tenido un parto lento y lleno de intervenciones, tiene muchas molestias físicas y perdió sus “hormonas felices”; y su bebé está irritable, no responde al contacto y además llora sin parar, los primeros días después del parto resultan muy duros y dan pie a depresiones.


Hay muchas maneras de lidiar con el dolor del parto de forma natural: la visualización, la autohipnosis y la respiración, por ejemplo. Además, todas las hormonas que intervienen en el parto te ayudan en el proceso. Lo más importante es recordar que el dolor no implica sufrimiento y, sobre todo, que el parto es el único proceso en el que el dolor te indica que todo va bien.
 

Aquí les dejo un artículo completísimo de Sarah J. Buckley (madre de 4 y médico), que explica en detalle todos estos puntos. Además, Crianza Natural publicó una traducción íntegra excelente, que pueden encontrar aquí

 Yo tuve mis dos partos sin epidural así que no puedo hablar desde la experiencia. ¿Alguna de ustedes podría contarnos cómo fue su experiencia de parto con analgesia?


03/10/2013

Algunos meses después de haber escrito esta entrada, me atrevo a añadir esta nota por todos los comentarios que ha recibido. Antes que nada, quiero agradecer a cada una de las personas que ha contado su experiencia, de parto vaginal con y sin epidural y de cesárea. También quiero añadir que la información que se presenta aquí es de fuentes científicas confiables y que en ningún caso pretende asustar, solo informar. El parto es un momento hermoso y empoderador, y el dolor en el parto no es sinónimo de sufrimiento. El parto se puede disfrutar muchísimo aunque se sienta dolor, lo he vivido y lo he visto muchas veces. Con esta información pretendo que las mujeres se sientan preparadas para tomar sus decisiones y que si optan por la epidural y durante o después del parto experimentan algunos de los efectos que meciono aquí sepan a qué se deben y se sientan confiadas de que son normales y producto de la analgesia y puedan actuar en consecuencia. No se trata de convencer a nadie de no usar la epidural o, como comentaron algunas mujeres, hacer sentir culpabilidad a las que decidieron recurrir a ella para disfrutar de los nacimientos de sus hijos. Cada mamá, cada bebé y cada familia son únicos, como ya se vió en los comentarios. A algunas no les ha pasado nada de esto, a otras sí. Unas se sienten contentas, otras se arrepienten, otras se plantean pedirla o no pedirla la próxima vez según su experiencia previa. No hay que temer ni rechazar la información, solo tomar de ella lo que nos podría servir como enseñanza. 


viernes, 8 de marzo de 2013



Yo, desde luego, daría cualquier cosa por repetir la experiencia de mi primer parto y tener a mi lado a una doula. Tuve un parto totalmente respetado, me acompañaron mi pareja y mi madre, no sufrí ningún tipo de intervención, cuando nació mi hija la pusieron en mis brazos y le di el pecho en la primera hora de vida. Y, entonces, ¿por qué digo que me hizo falta una doula si me fue tan bien? Simple y sencillamente porque no conseguí relajarme ni un instante desde que sentí la primera contracción hasta que nació mi bebé y el recuerdo que tengo es del dolor, del cansancio, de los gritos…
Si hubiera tenido una doula a mi lado, el recuerdo que tengo del día maravilloso en el que me convertí en madre sería mucho más dulce, más amable, más real.
Durante el parto, como ya he comentado antes, hay muchos sentimientos encontrados, pasamos de la euforia al miedo, de la fuerza al cansancio, del dolor a la expectación y todo eso es normal pero no es algo a lo que estemos acostumbradas (aunque con los hijos nos vamos acostumbrando a parecer locas, para qué negarlo).
La doula no es tu madre, no es tu hermana, no es tu amiga (o tal vez sí, pero en ese momento se establecerá una relación muy distinta), ni es el padre de tu bebé. No tienes que impresionarla, ni intentar no preocuparla, ni intentar ser fuerte, ni tener ningún tipo de vergüenza. La doula es una mujer que sabe, desde un punto neutral y profesional, exactamente por lo que estás pasando. Ella está ahí para que tú te sientas bien, para asegurarte que todo es normal, para darse cuenta cuando algo te molesta y sugerirte posturas, movimientos y otras soluciones que te ayuden a ir pasando por tu proceso de la mejor manera posible. Además, la doula con sus conocimientos y con su trato hace que las demás personas que te acompañan se sientan también reconfortadas, las libra de la responsabilidad de consolarte o tranquilizarte (especialmente cuando ellos tampoco se sienten tranquilos) y les da la oportunidad de estar contigo, de darte amor y de disfrutar más de la experiencia. 
Si pares en un hospital, la doula puede explicarte cada uno de los procedimientos médicos para que estés tranquila. Te tratará con cariño y será empática y no te sentirás tan sola y ajena en un ambiente extraño en el que el resto del personal está haciendo su trabajo y no puede ponerte atención.
La doula sabrá cuándo retirarse para que estés con tu pareja, con otro acompañante o sola y también sabrá cuándo hay que acercarse y ofrecer apoyo. Una vez que tu parto acabe se quedará a tu lado si lo necesitas o se retirará para que disfrutes de tu nueva familia.
Por otro lado, está comprobado que el acompañamiento que otorgan las doulas en los hospitales reduce significativamente el tiempo del parto, las solicitudes de anestesia, la necesidad de procedimientos médicos y de cesáreas.
En muchas situaciones hospitalarias el personal médico separa a la madre del bebé para medirlo, pesarlo, registrar el resultado del examen de APGAR, limpiarlo, etc. El padre suele acompañar al bebé y la madre se queda sola algunos minutos. Una doula estará a tu lado y te dirá lo que está pasando para que la espera no se haga larga.
Si yo hubiera tenido una doula en mi primer parto no sentiría a veces que grité demasiado, que me porté mal, que exageré, que no disfruté. Mi doula se habría encargado de organizar bien los recuerdos del parto, que suelen ser tan caóticos, y habría puesto las cosas en perspectiva. Muchas de las depresiones posparto resultan, en parte, de la decepción que las madres sienten después del parto, especialmente si estuvo muy alejado de lo que habían planeado. Una doula puede ayudarte a que esto no te suceda y a que puedas recordar la experiencia con más amor. 
Si te interesa aprender más sobre el trabajo de las doulas no dejes de ver el documental Doula! (pronto estará también con subtítulos en español). Te dejo aquí el tráiler, desde aquí lo puedes rentar o comprar: Doula!
¿Cómo recuerdas tú el parto? ¿Tuviste una doula a tu lado?, cuéntanos tu experiencia. ¿Estás embarazada y empiezas a considerar tus opciones para el parto, qué opinas de contratar una doula? 

viernes, 1 de marzo de 2013



Siguiendo la última publicación que hice, me parece que sería adecuado  explicar qué podemos hacer para evitar ser víctimas de la violencia obstétrica. A continuación proporciono algunos consejos que pueden mejorar tu experiencia de parto si decides dar a luz en un hospital.

Lo primero es averiguar con antelación qué experiencia tiene el personal médico que nos va a atender en el parto, con qué frecuencia lleva a cabo una cesárea. Habla con tu ginecólogo o con el personal médico del hospital en el que piensas dar a luz. México tiene el índice de cesáreas más alto del mundo. En el sector privado uno de cada dos nacimientos es por cesárea. Las cesáreas se realizan de forma rutinaria porque constituyen un negocio para los hospitales y porque son procedimientos más rápidos que los partos vaginales.

Si el personal médico que te está atendiendo tiene un índice muy alto de cesáreas es posible que tu parto no resulte como tú esperabas y que acabes sufriendo una gran cantidad de intervenciones innecesarias. Piensa que tardarás mucho más tiempo en recuperarte después de una intervención quirúrgica que de un parto para el que tu cuerpo está preparado. Por otro lado, los bebés que nacen por cesárea tienen más riesgos de padecer obesidad infantil. Si estás a tiempo busca a otro especialista, uno que sepas que está a favor del parto humanizado. Si no tienes esta opción, habla claramente con tu médico, explícale exactamente lo que quieres. Es conveniente crear un plan de parto. Aquí puedes encontrar un modelo y más información al respecto. 

Discute junto con tu médico uno a uno los puntos del plan y contrástenlos con los protocolos del hospital. Por ejemplo, si en tu plan de parto has solicitado que no te separen en ningún momento de tu bebé pero el hospital tiene un protocolo rígido de cuneros, seguramente tendrás que firmar una responsiva. En muchos hospitales te harán firmar responsivas cada vez que rechaces alguno de los procedimientos médicos que se te proponen. Muchas de estas responsivas vienen acompañadas de mucha presión psicológica. Por ejemplo: “Como quiera, pero el hospital no se hará responsable si su bebé contrae una enfermedad o si en una emergencia no puede acudir alguien porque se negó a dejarlo en el cunero.” Este tipo de comentarios solo te pondrán nerviosa y te harán dudar de lo que deseas.

El parto es un momento en el que somos muy vulnerables. Las hormonas están a flor de piel y hay muchos sentimientos encontrados. Por eso es muy importante elegir correctamente a la persona que deseas que te acompañe en el parto. Puede que quieras que durante el parto esté presente tu pareja, tu madre, otro familiar, una amiga o un profesional, como una doula. La persona que te acompañe será tu apoyo emocional durante todo el parto, te dará fuerzas, te mantendrá tranquila, te ayudará en lo que necesites y también puede funcionar como un vínculo entre tú y el personal hospitalario y evitarte estrés innecesario. Durante el  parto de lo único de lo que debes ocuparte es de ayudar a tu bebé a nacer. ¡Esta será la primera aventura que vivan juntos!



La persona que te acompañe también debe prepararse para el parto. Debe saber cómo se desarrollará y las fases que comprende. Antes del parto discute con tu acompañante lo que deseas para que pueda apoyarte de acuerdo con esos deseos. Una persona que se pondrá muy nerviosa cuando vea que sientes dolor o que entrará en pánico y llamará al personal médico a cada momento seguramente no será un buen apoyo para ti.

Cuando comience el parto no hace falta correr al hospital. No es necesario que salgas de casa en cuanto sientas la primera contracción. Puedes llamar a tu médico para decirle que el parto ha comenzado. También debes llamar, si aún no está contigo, a la persona (o personas) que desees que te acompañen. Después, relájate todo lo que puedas e intenta descansar. Lo mejor es quedarte en casa tanto tiempo como te sea posible. El parto suele ser un proceso lento y avanzará mucho mejor si estás en un ambiente familiar, en el que te sientes tranquila y puedes moverte con libertad. Tu acompañante puede ir midiendo el tiempo entre cada contracción para poder informarle al personal médico cómo ha progresado el parto cuando decidan ir al hospital.

Una vez en el hospital, tu acompañante se encargará de ir recordándote lo que pusiste en tu plan de parto para que te asegures de que se vaya desarrollando. Por ejemplo: que estén solo las personas indispensables en la habitación o sala de partos; que no te hagan una episiotomía, enema o que no te afeiten si así lo has decidido; que te dejen moverte libremente o que no se lleven a tu bebé una vez que haya nacido. 

Por supuesto, por mucho que el parto se planee, siempre habrá situaciones inesperadas o cosas que escapen a nuestro control, como en la vida misma. Pero, dentro de lo que cabe, podrás estar más tranquila si estás bien informada, si te has preocupado por enterarte exactamente de los protocolos del lugar en el que vas a parir y si tienes a alguien de tu entera confianza para apoyarte.