viernes, 1 de marzo de 2013

No seas una víctima, ¡actúa!



Siguiendo la última publicación que hice, me parece que sería adecuado  explicar qué podemos hacer para evitar ser víctimas de la violencia obstétrica. A continuación proporciono algunos consejos que pueden mejorar tu experiencia de parto si decides dar a luz en un hospital.

Lo primero es averiguar con antelación qué experiencia tiene el personal médico que nos va a atender en el parto, con qué frecuencia lleva a cabo una cesárea. Habla con tu ginecólogo o con el personal médico del hospital en el que piensas dar a luz. México tiene el índice de cesáreas más alto del mundo. En el sector privado uno de cada dos nacimientos es por cesárea. Las cesáreas se realizan de forma rutinaria porque constituyen un negocio para los hospitales y porque son procedimientos más rápidos que los partos vaginales.

Si el personal médico que te está atendiendo tiene un índice muy alto de cesáreas es posible que tu parto no resulte como tú esperabas y que acabes sufriendo una gran cantidad de intervenciones innecesarias. Piensa que tardarás mucho más tiempo en recuperarte después de una intervención quirúrgica que de un parto para el que tu cuerpo está preparado. Por otro lado, los bebés que nacen por cesárea tienen más riesgos de padecer obesidad infantil. Si estás a tiempo busca a otro especialista, uno que sepas que está a favor del parto humanizado. Si no tienes esta opción, habla claramente con tu médico, explícale exactamente lo que quieres. Es conveniente crear un plan de parto. Aquí puedes encontrar un modelo y más información al respecto. 

Discute junto con tu médico uno a uno los puntos del plan y contrástenlos con los protocolos del hospital. Por ejemplo, si en tu plan de parto has solicitado que no te separen en ningún momento de tu bebé pero el hospital tiene un protocolo rígido de cuneros, seguramente tendrás que firmar una responsiva. En muchos hospitales te harán firmar responsivas cada vez que rechaces alguno de los procedimientos médicos que se te proponen. Muchas de estas responsivas vienen acompañadas de mucha presión psicológica. Por ejemplo: “Como quiera, pero el hospital no se hará responsable si su bebé contrae una enfermedad o si en una emergencia no puede acudir alguien porque se negó a dejarlo en el cunero.” Este tipo de comentarios solo te pondrán nerviosa y te harán dudar de lo que deseas.

El parto es un momento en el que somos muy vulnerables. Las hormonas están a flor de piel y hay muchos sentimientos encontrados. Por eso es muy importante elegir correctamente a la persona que deseas que te acompañe en el parto. Puede que quieras que durante el parto esté presente tu pareja, tu madre, otro familiar, una amiga o un profesional, como una doula. La persona que te acompañe será tu apoyo emocional durante todo el parto, te dará fuerzas, te mantendrá tranquila, te ayudará en lo que necesites y también puede funcionar como un vínculo entre tú y el personal hospitalario y evitarte estrés innecesario. Durante el  parto de lo único de lo que debes ocuparte es de ayudar a tu bebé a nacer. ¡Esta será la primera aventura que vivan juntos!



La persona que te acompañe también debe prepararse para el parto. Debe saber cómo se desarrollará y las fases que comprende. Antes del parto discute con tu acompañante lo que deseas para que pueda apoyarte de acuerdo con esos deseos. Una persona que se pondrá muy nerviosa cuando vea que sientes dolor o que entrará en pánico y llamará al personal médico a cada momento seguramente no será un buen apoyo para ti.

Cuando comience el parto no hace falta correr al hospital. No es necesario que salgas de casa en cuanto sientas la primera contracción. Puedes llamar a tu médico para decirle que el parto ha comenzado. También debes llamar, si aún no está contigo, a la persona (o personas) que desees que te acompañen. Después, relájate todo lo que puedas e intenta descansar. Lo mejor es quedarte en casa tanto tiempo como te sea posible. El parto suele ser un proceso lento y avanzará mucho mejor si estás en un ambiente familiar, en el que te sientes tranquila y puedes moverte con libertad. Tu acompañante puede ir midiendo el tiempo entre cada contracción para poder informarle al personal médico cómo ha progresado el parto cuando decidan ir al hospital.

Una vez en el hospital, tu acompañante se encargará de ir recordándote lo que pusiste en tu plan de parto para que te asegures de que se vaya desarrollando. Por ejemplo: que estén solo las personas indispensables en la habitación o sala de partos; que no te hagan una episiotomía, enema o que no te afeiten si así lo has decidido; que te dejen moverte libremente o que no se lleven a tu bebé una vez que haya nacido. 

Por supuesto, por mucho que el parto se planee, siempre habrá situaciones inesperadas o cosas que escapen a nuestro control, como en la vida misma. Pero, dentro de lo que cabe, podrás estar más tranquila si estás bien informada, si te has preocupado por enterarte exactamente de los protocolos del lugar en el que vas a parir y si tienes a alguien de tu entera confianza para apoyarte. 

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