lunes, 22 de abril de 2013

10 formas de enseñar a tus hijos a cuidar el planeta

Hoy es el Día Internacional de la Madre Tierra. Es un día perfecto para celebrar que estamos vivos y que somos parte de este hermosísimo mundo que nos da, todos los días, todo lo que necesitamos para ser felices. Aunque, en realidad, este día es tan bueno como cualquier otro para cuidar de nuestro entorno y agradecer la maravilla de la naturaleza que nos acoge.
Como para todo en la crianza de los niños, la única forma de enseñar que realmente imprime un valor en nuestros hijos es con el ejemplo. 



 Aquí les dejo 10 acciones que hemos adoptado en nuestra familia para cuidar el planeta tierra. Nuestras hijas aprenden día con día que las pequeñas acciones pueden hacer mucho para mejorar nuestro entorno:

1.    Seguimos la recomendación de la OMS relacionada con la lactancia materna. La leche materna se produce y llega hasta el consumidor sin afectar el medioambiente. No hay una manera más ecológica de alimentar a nuestros hijos. La fabricación de leche artificial para lactantes contribuye a la desforestación y al uso ineficiente del suelo por la cantidad de ganado que se tiene que alimentar. Los procesos industriales empleados en su fabricación y su transportación contribuyen al desgaste de energía de nuestro planeta, contaminan el agua y el aire. Los empaques que se emplean requieren papel, plástico y latas y producen basura. Además, la fabricación de biberones también supone una gran cantidad de contaminantes. Un chupón de biberón se queda en el medio ambiente hasta 450 años. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, el gasto familiar es tremendo si se alimenta con leche artificial al bebé. Un bebé consume alrededor de 70 latas en el primer año de vida y éstas tienen un costo promedio de $ 200 (pesos mexicanos). Al año supone un gasto familiar de $ 14 000. Aquí hay un artículo muy completo sobre este tema.
2.    No usamos pañales desechables. Aunque hoy en día venden algunas marcas de pañales que son biodegradables, (en México está Biobaby), a veces no son fáciles de conseguir o resultan muy caros. Los pañales convencionales son una gran amenaza para nuestro planeta. Los materiales plásticos con los que se fabrican tardan 500 años en degradarse y la celulosa que contienen —aunque permanece menos tiempo en el medio ambiente—, se extrae de la pulpa de los árboles que tanto necesitamos para respirar y tener agua. Los pañales desechables no son reciclables ni reutilizables. Un bebé utiliza en promedio 4000 pañales en los primeros 2 años de vida. ¿Se imaginan la cantidad de basura que eso genera si lo multiplicamos por la cantidad de bebés que hay en el mundo?
En casa procuramos utilizar la menor cantidad posible de pañales desechables con nuestras hijas (y cuando los utilizamos eran biodegradables). Lo que usamos fueron pañales de tela.
Los pañales de tela que están disponibles hoy en día no tienen nada que ver con los que usaban nuestras abuelas. No hace falta usar seguritos, ni apilar capas de trapos incómodos. Hay pañales de tela tan cómodos de utilizar como los desechables. En México hay muchas marcas y se pueden comprar por Internet de forma segura. La inversión inicial puede parecer fuerte (ya que el número de pañales que compres dependerá de qué tan seguido quieres lavar) pero a la larga es un gran ahorro y, además, tus hijos aprenden que es necesario cuidar el entorno en el que viven.
3.    Compramos la menor cantidad posible de alimentos procesados. Igual que la leche artificial, la fabricación de alimentos procesados, instantáneos y artificiales contribuye en gran medida a la contaminación de nuestro planeta. Comprar alimentos que emplean grandes cantidades de plástico, latas y cartón en su empaque produce basura. Además, los químicos que se emplean en estos alimentos contaminan la tierra, el agua y el aire y su consumo perjudica nuestra salud. En casa compramos la mayor cantidad posible de alimentos frescos y perecederos  y, siempre que nos es posible, favorecemos el comercio local.
4.    Separamos la basura y hacemos composta. En muchos países separar la basura entre orgánica e inorgánica es obligatorio. En México hay zonas en las que se tiene que hacer para que los servicios públicos recojan la basura. Sin embargo, no es la norma, en la mayor parte del país la basura está mezclada. Mis hijas saben separar la basura y entienden la importancia de hacerlo. En casa hacemos composta, todos los desperdicios orgánicos los tiramos en un compostero en el jardín. Los materiales reciclables como algunos empaques de cartón, latas y botellas de plástico y vidrio los llevamos al centro de reciclaje de nuestro pueblo. Con estas dos simples acciones producimos una cantidad mínima de basura.
5.    Tenemos un huerto ecológico en casa. Por supuesto no estamos ni cerca de ser autosuficientes. Sin embargo, con un pequeño gesto, por ejemplo, tener un huerto de hierbas aromáticas o sembrar jitomates, nuestras hijas van aprendiendo el valor de la tierra y del cultivo de los alimentos. Ni siquiera hace falta tener un gran jardín, sembrar algo en una maceta es un buen principio. No usamos pesticidas ni fertilizantes artificiales y la composta que hacemos con los desechos orgánicos la utilizamos como fertilizante en nuestro huerto. Es una lección valiosa entender cómo crece lo que nos comemos, la labor tan ardua que implica el trabajo en el campo y lo satisfactorio que es comer algo de lo que has sido responsable.



6.    Tenemos un calentador solar para el agua. Vivimos en un pueblo en el que hace buen tiempo prácticamente todo el año. Salvo algunas semanas en la época de lluvias, siempre hay sol. Por lo tanto, nos decidimos a invertir en un calentador solar para calentar el agua que utilizamos para bañarnos. Con esta iniciativa hemos ahorrado mucho dinero al año en gas y dejamos de contribuir a la contaminación del aire.
7.    Vamos caminando o en bicicleta siempre que nos es posible. Además de que es sano para nuestro cuerpo, el no utilizar el coche le da un respiro a nuestro planeta.
8.    Cuidamos el agua. Procuramos no desperdiciar este recurso indispensable. Usamos productos ecológicos para lavar la ropa y el agua de la lavadora sale directamente al jardín y la usamos para regar. Recogemos el agua de la lluvia y la filtramos para utilizarla en casa. Nunca dejamos el grifo abierto mientras nos lavamos los dientes, lavamos los trastes o nos enjabonamos las manos. Recogemos el agua fría que sale de la regadera mientras esperamos a que se caliente para bañarnos y la utilizamos para jalarle al baño o para la limpieza.
9.    No usamos toallas sanitarias y tampones desechables. Aunque mis hijas aún son pequeñas (de 5 y 2 años), desde ahora son conscientes de los ciclos femeninos. Mi hija de 5 años ha obtenido respuesta a sus preguntas sobre la menstruación (adecuadas para su edad) ya que en casa se trata con naturalidad. Yo no uso productos desechables. Uso toallas femeninas lavables, una copa menstrual o tampones de esponja marina. De esta manera evito los contaminantes que se emplean en la fabricación y transportación de los productos femeninos y la basura que generan y que permanece durante siglos en el medio ambiente. Además de los beneficios ecológicos, mis hijas están aprendiendo a aceptar y apreciar los ciclos de su cuerpo. Se dan cuenta mediante el ejemplo de que no hay nada grotesco ni desagradable relacionado con la menstruación y que, por lo tanto, no se desecha como basura.
10.    Reutilizamos todo lo que podemos. En casa procuramos darle un uso alternativo a las cosas antes de regalarlas o desecharlas. Reutilizamos la ropa  y la reconvertimos en cosas nuevas (incluso en ropa para las muñecas). Hacemos manualidades con objetos que de otro modo se convertirían en basura. Envolvemos los regalos en retazos de tela, cajas en las que venían otros productos (pintadas o decoradas por nosotros mismos) y bolsas en las que recibimos otros regalos. Guardamos todos los objetos que pensamos que a la larga podremos utilizar como material para fabricar otra cosa. Reutilizamos las bolsas de plástico que a veces nos dan en el mercado (aunque siempre que nos es posible llevamos nuestra propia bolsa de tela). Mis hijas saben, por ejemplo, que siempre se dibuja por ambas caras del papel. Procuramos no desperdiciar nada.


Como ven, hay muchas iniciativas que podemos adoptar para que nuestros hijos aprendan a apreciar nuestro planeta. No se trata solo de decirles que tirar basura en la calle es malo. Se trata de que entiendan de dónde provienen las cosas que utilizan diariamente y el impacto que tienen en el medioambiente. Con nuestros actos enseñamos mucho más que con palabras.
 

Sabemos que aún nos queda mucho por hacer. En este año queremos construir un baño seco para dejar de contaminar el agua e instalar celdas solares para ahorrar electricidad. Vamos paso a paso junto con nuestras hijas, eso es lo que importa.

Compartan las iniciativas que emplean ustedes para cuidar a nuestra madre Tierra, así podemos aprender de los demás.


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