miércoles, 17 de julio de 2013

La guardiana entre dos mundos

Las historias de las mujeres son siempre de amor, de lucha, de valentía, de miedo, de lágrimas, de sangre, de fuerza, de alegría, de conocimiento… pero cuando esas historias se entretejen, cuando cada historia es un hilo y con cada mirada, con cada sonrisa, con cada lágrima, se va tejiendo una red, se manifiesta la sabiduría divina. 


El fin de semana pasado, más de veinte mujeres nos reunimos y saltamos al vacío, nos sentimos presas del vértigo y del miedo, vimos el suelo acercarse rápidamente solo para sentir de pronto, con asombro y con alivio, que debajo de nosotras se tendía la red de la sabiduría de todas las historias entretejidas que nos rescató y nos llenó de confianza y de amor. Hace algunos meses cuando escribí “Por qué necesitas una doula” pensaba en el sentido práctico, en el momento del parto y en que todo es siempre más sencillo si tienes a alguien que te atienda, que te sirva, que te consienta. Sin embargo, ahora veo mucho más claramente que la doula no es solo la mujer que te sirve, es también la guardiana entre dos mundos. 


Cuando vas a parir, o cuando vas a emprender la  maternidad, obligatoriamente saltas al vacío, al otro mundo, y alguien tiene que tender la red para que no acabes estrellándote contra el suelo. Hoy en día, esa persona es la doula, una mujer que se nutre de las historias de las otras mujeres, las va tejiendo junto con ellas para que cuando te toque saltar la red esté debajo. Esa mujer es la doula y no tu mamá, tu amiga, tu hermana, o tu abuela porque desafortunadamente hemos perdido el hilo. Hemos dejado de entretejer nuestras historias con las mujeres cercanas a nosotras. Nuestras historias del parto y de la maternidad están aisladas, las dejamos de compartir porque nos dan miedo, porque muchas veces nos estrellamos y no hubo ninguna red. Las dejamos de compartir por simple desconocimiento, no sabemos si lo que nos pasó es normal, es común, es extraño... tememos que nos juzguen, que nos lastimen y nos quedamos calladas. Nos perdemos del alivio de saber que todo lo que nos pasa simplemente es, y que si nos ha pasado es lo normal, para nosotras, sin necesidad de compararnos con nadie más.

La doula ha recibido la llamada de una mamá que no sabe por qué llora y no se siente feliz unos días después del parto a pesar de tener un bebé hermoso y sano; con los hilos de su propia historia y la de otras mamás que conoce la rescata y le da la confianza que necesita para recoger sus lágrimas, disfrutarlas y entenderlas. La doula se despierta una mañana pensando en esa mamá que hace pocos días tuvo a su bebé y tiene grietas en los pezones, la llama y con las gotas de leche que han ido resbalando por la red de sabiduría de tantas madres lactantes la reconforta y le recuerda que esto también pasará. La doula sueña con una mamá y al día siguiente ve que durante la noche parió a su bebé y sabe que en alguna parte del viaje sus corazones de mujeres se conectaron. La doula escucha mientras una mamá le cuenta que sufre porque su familia no entiende la forma en que cría a sus hijos y le devuelve los latidos de su propio corazón para que sepa que es lo único que debe escuchar, su propia sabiduría. La doula ve las fotos de los hijos de otras mujeres y siente un amor tremendo y desbordante por esas criaturas que siguen confiando en el mundo y se siente más paciente y más afortunada cuando ve a sus propios hijos. La doula oye sonar el teléfono en medio de la noche y sabe que el trabajo de parto ha empezado e inmediatamente todo su ser se conecta con el de la nueva familia para tender la red de todas las historias que ha escuchado, que ha vivido, que ha presenciado.

La única que parirá será la mamá y la doula no puede hacer nada por ella más que estar ahí, con la red tendida para que cuando salte al vacío, como inevitablemente lo hará, caiga en la sabiduría femenina, sepa que como ella miles, millones, billones de mujeres han saltado, y han vuelto con un conocimiento nuevo, y a partir de ese momento su historia será un hilo más de la red. La próxima mujer que salte al vacío caerá también sobre su historia. 


Espero que algún día, si mis hijas paren, no necesiten entrevistar una doula. Deseo que esta red que hoy tendemos las doulas dé pie a que recuperemos el hilo de nuestras historias, que tan solo en algunos años, sean todas las mujeres las que estén dispuestas a sostener a las que saltan. Espero de todo corazón que mis hijas caigan sobre la red que ha tejido su madre, su hermana, su abuela, su tía, su vecina, sus amigas y todas las mujeres que las rodean, como era antes, como había sido siempre. Deseo que la doula de mis hijas sea la mujer que ellas más amen.

No perdamos el hilo, no dejemos de compartir nuestras historias de amor, de miedo, de lactancia, de ternura, de enojo o de terror. Si un día saltaste y te estrellaste y no hubo red debajo de ti, compártelo, que ese hilo sea ahora parte de la sabiduría de todas, para que no vuelva a suceder. 

Así que, ¿por qué necesitas una doula? Para que sea la guardiana de tu viaje, para que sea la memoria de tu historia, para que la hile con todas las demás y nos hermanemos de nuevo.

3 comentarios:

  1. Ufff que hermoso Mere, me ha sacado las lagrimas porque yo me estrelle tanto en el parto como en la lactancia y estoy más conciente ahora de eso que antes, asi que yo tambien deseo que el hilo que me toque tejer (aunque sea remendado) sea para mis hijas, tus hijas y la de todas las futuras mamás.....

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    1. Susy, preciosa, tus historias ya son parte de esta red. Yo las escuché con mucha atención y las he compartido muchas veces. Te quiero.

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  2. Que bellísimo lo expresaste hermanita del camino :) Gracias por tu inspiración y tu voz que somos todas nosotras, por recordarnos del hermoso manto que estamos tejiendo!! Bendiciones!!
    Moni mamá de Sidd

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