miércoles, 18 de junio de 2014

“Qué mala onda, ¿por qué nadie nos lo dijo?” Esta pregunta a manera de reproche me la hizo hace poco una mamá, mientras la ayudaba a corregir la postura de su bebé en los primeros días de lactancia. Había estado acompañándola algunos meses, hicimos juntas yoga prenatal y me reuní con ella y su compañero para hablar de cómo sería el parto, lo que podían hacer y debían evitar, etc. También hablamos de la lactancia y de los primeros cuidados del bebé. Les comenté, como hago con todas las mamás con las que hablo, que los primeros días pueden ser agotadores, que hay que acostumbrarse al bebé, pasar todo el tiempo con él para irlo conociendo y saber cómo cuidarlo, que hay que dormir cuando el bebé duerma, y todas esas cosas que nunca escuchan porque están pensando en el parto y en lo hermoso que será ver la carita de su hijo por primera vez.

Cuando llegué a su casa se la veía contenta, enamorada de su bebé. También un poco abrumada y cansada y un tanto decepcionada porque la lactancia no había ido sobre ruedas como ella se imaginaba… Vamos, se veía como muchísimas mamás en el posparto, nada fuera de lo común. Sin embargo, a medida que íbamos hablando, ella me comentaba que estaba un poco harta, que a veces se le pasaba todo el día y parecía que no había hecho nada, que había tenido un par de días duros, muy emocionales y que su pareja se veía preocupada cuando ella lloraba. La escuché y le respondí, con toda naturalidad, que era normal, que todo lo que me estaba contando era parte del proceso de nacer como mamá y que para eso era la cuarentena.
Fue entonces cuando sonó ofendida, cuando me di cuenta de que se sentía engañada y me reprochó que nadie les hubiera dicho cómo sería realmente el puerperio. Así que para evitar futuros reproches pongo aquí 3 cosas que nadie se atreve a decirte cuando estás embarazada:
  1.  El bebé es tierno, suavecito, huele rico y cuando lo ves cuesta creer que tú hayas fabricado un ser humano entero y perfecto, no hay felicidad igual en el mundo… Pero al menos una vez durante los primeros días después del parto sentirás que te vuelves loca, un sudor frío te recorrerá todo el cuerpo, te temblarán las manos y pensarás “¡¿Qué estaba pensando?! ¡¿En qué lío me metí?! ¡¿Qué hago ahora con esta cosa que llora, duerme, come y caga?! ¡Así será mi vida de ahora en adelante las 24 horas del día, los 365 días del año durante años!” Esto es absolutamente normal. El gran peso de la responsabilidad te cae de pronto como una cubetada de agua fría y no tienes por qué sentirte culpable, ni quiere decir que no amas a tu bebé, ni mucho menos que no estás hecha para ser mamá. Piensa que equivale a cualquier otro paso enorme, a la enésima potencia, que das en la vida: casarte o mudarte a vivir con una pareja nueva, aceptar un cargo de responsabilidad en un nuevo trabajo o recibir un ascenso, o firmar una hipoteca. Hay alegría, celebración, gozo… y también terror. Alócate y después respira y repite el mantra: “Todo es temporal. Esto también pasará”.
    Imagen de www.elpartoesnuestro.es/blog
  2. Deberías ser la más feliz del mundo: tienes un bebé, tan deseado, tan hermoso… Pero te miras al espejo y estás ojerosa, la hermosa barriguita a la que le hiciste 2000 fotos en los últimos nueve meses sigue ahí pero ahora cuelga por encima de la ropa interior gigantesca que necesitas para aguantar esa toalla femenina del tamaño de un colchón y por muchos efectos de Instagram que le pongas ya no conseguirás que se vea tan linda. Tienes los pechos enormes, como si te acabaras de poner implantes, pero te duelen, están hirviendo y por primera vez los ves como comida y no como un reclamo sexual. Tu cabeza parece un nido de pájaros y sobre tu cama hay trapitos con vómito, protectores de lactancia usados, dos camisetas que chorreaste de leche y mejor acá le paramos… Y, ¿entonces? Esas mamás delgadas, rozagantes y sonrientes que salen en las revistas y blogs de crianza con un bebé recién nacido en brazos plácidamente tomando el pecho en una habitación ordenada y decorada profesionalmente ¿no son reales? Pues no. Siento decepcionarte ahora pero es mejor que después. Las revistas que muestran mamás despeinadas, sin maquillar y con varios kilos extras en poca ropa y además sucia no se venden muy bien. Enfádate y suelta algunas barbaridades por haber vivido engañada tanto tiempo y luego respira y repite el mantra: “Todo es temporal. Esto también pasará”.
  3. Tal vez te sientas como una superheroína después del parto, empoderada, feliz, con ganas de comerte al mundo. O tal vez estés triste porque nada salió como lo habías planeado. Sea cual sea tu estado de ánimo inicial, de pronto alguien te hará un comentario inofensivo como: “Lo siento, ya no había de la marca que te gusta y te compré esta”, o verás una audición de America’s Got Talent de un niño obeso al que todos trataban mal pero que canta como los ángeles, o alguien compartirá en tu muro del Facebook el comercial de las olimpiadas de GE y te pondrás a llorar dos ríos y tres mares y no pararás durante todo un día por cualquier razón, y todos a tu alrededor pensarán que estás desquiciada y que deberías estar contenta y feliz porque acabas de tener un bebé sano. Es absolutamente normal, se pasará enseguida, tus hormonas están cambiando y estás cansada. Llora si te dan ganas y, después, respira y repite el mantra: “Todo es temporal. Esto también pasará”.
    Getty
Hay muchas otras cosas que nadie te dice, pero no vale la pena explorarlas todas aquí, lo que debes recordar es siempre respirar y repetir el mantra. Piensa que también se pasará volando todo lo bueno y maravilloso, así que no olvides disfrutar.